El disco de vinilo: más que un formato musical

“Creo que mucho se trata del ritual que viene con ellos, el cuidarlos, limpiarlos, el darles vuelta al lado B cuando es tiempo, etc. Es un proceso lento que te hace bajar de velocidad.”

Sofía Fiorentino

Aunque que hace algunos años se consideraban retro, hoy los discos de vinilo han regresado como una forma cool de disfrutar la música. Ya sea al escuchar el nuevo álbum de la banda indie de moda, al volver a los antiguos éxitos de los Beach Boys que hacían bailar a tu abuela, al toparte con las increíbles portadas de discos que planeas agregar a tu colección o al asistir a una listening party donde todo se centra en lo que sucede en la tornamesa, es difícil negar el poder de este formato musical.

Hoy reunimos para ti los testimonios, anécdotas e historias que ocho fanáticos de los discos de vinilo compartieron con nosotros.

Mariell Gutiérrez

“Mi papá es un fan de la música ochentera, setentera, y cuando yo y mis hermanas éramos pequeñas, nos ponía rock de esa época en vinilos para arrullarnos. Ya más grande, hace como unos tres años, me encontré los discos de mi papá en una caja y me causó nostalgia pensar que esos mismos sonidos me dormían cuando apenas tenía días de haber nacido, y que marcarían mis gustos musicales más tarde.

Los discos de vinilo son como los libros, la experiencia que te dan es mucho más rica y completa que la digital y además despierta un impulso de colección y de tenerlos físicamente, como si pudieras materializar algo tan abstracto como la música y los momentos que vives junto a ella.”

Sofía Fiorentino

“Cuando fui a visitar a mi abuelo a la Patagonia argentina la última vez -no lo veía hace años- me dijo que tenía algo para mí. Resulta que había juntado todos los vinilos que tenía de cuando era joven, desde tango hasta bossa nova, y los estaba guardando para mí, ya que escuchó que yo había empezado una colección de vinilo. Fue un momento súper emocionante heredar esta biblioteca musical.

Yo creo que mucho sobre los vinilos se trata del ritual que viene con ellos, el cuidarlos, limpiarlos, el darles vuelta al lado B cuando es tiempo, etc. Es un proceso lento que te hace bajar de velocidad.”

Juan Zertuche

“Descubrir y apreciar la música en vinilo me parece, irónicamente, muy post-Internet. Lo digo porque fui asiduo comprador de discos compactos hasta que Internet me dio la posibilidad de tenerlo todo al alcance, ya sea a través del P2P o bajo un formato de suscripción. La ironía está en que he retomado esa relación objeto-musical con un formato tan viejo como el de los vinilos. Y armado con un buen set de bocinas y receptor de audio, la verdad es que sí adquiere otra dimensión la experiencia de escuchar música que en mi caso es tridimensional: digital con audífonos y bocinas Bluetooth, CD en el carro y ahora vinilos en la casa.”

Dalia Martínez

“Mi primer disco de vinilo fue el LP de RAM, de Paul McCartney; en aquellos años no era tan fácil gastar dinero en eso, pero fue un gran gusto que me di en ese entonces cuando era una adolescente. Fue el primero de varios discos que después fui adquiriendo de Paul McCartney, mi artista y cantante favorito.

Para mí el valor de el vinilo es meramente por razones de nostalgia, de qué era lo de antes. Mis discos se volvieron piezas de colección al pasar el tiempo. Escuchar música de esta manera me evoca gratos recuerdos de juventud, me gusta incluso escuchar el sonido mecánico del tocadisco y el arrastre de la aguja en él.”

Mirtha de la Garza

“Creo que mi amor por los vinilos resurgió un día mientras hacía la dirección de arte de una película que recreaba los setentas. La locación era una casa retro y un amigo que es DJ estaba en el set cuando descubrió la colección de discos del dueño de la casa. De entre el montón eligió uno que le sorprendió estuviera ahí. Conectó la tornamesa, puso el disco y recuerdo perfectamente la emoción que me invadió cuando empecé a escuchar la melodía. Aparentemente no conocía al grupo ni la canción (A Taste of Honey), pero seguramente es de esa música que has escuchado de pequeña y se queda grabada en tu memoria. Ahora busco ese disco de Herb Alpert & the Tijuana Brass con la chica cubierta de crema batida en la portada en cada mercadito que voy, deseando encontrarlo para tenerlo en mi colección. Tal vez debí haberlo robado del set.”

Alejandro Elizondo Cantú

“La primera vez que compré un disco, o más bien una tornamesa, tenía unos trece años (ahorita tengo treinta). Convencí a mi padre de que me llevara al Puente del Papa. Antes no era tan común comprar discos o tornamesas como lo es ahora; en Monterrey había pocos lugares que vendían discos y por lo general eran de punk, hardcore o metal. Si querías un disco o simplemente conocer bandas nuevas costaba trabajo, ahora la música está literalmente a la palma de tu mano.

Más que nada [lo que valoro de un disco] es el hecho de tener algo para siempre. Al bajar un álbum o escucharlo por Spotify suele pasar que se te olvida, pero cuando compras el disco físicamente, pueden pasar treinta años y recuerdas dónde lo compraste y cosas que hacías o pensabas cuando lo escuchabas. Es algo así como tener una fotografía auditiva.”

Renata Ruiz

“Dicen que los vinilos son una moda o para puristas, yo no soy ni una ni otra. Me gusta escuchar vinilos por que me divierte su ritual: me gusta verlos, tocarlos, deshebrar y entender el arte de sus portadas. Pensar en un vinilo inmediatamente me lleva a la sala de mi casa en domingo, escuchando un buen disco con mi esposo y mi hija de cinco años, quien ya tiene sus propios discos; es un momento que siempre evoca muchas emociones lindas en mí.

Sin duda la calidad de audio es diferente, pero valoro más aún tener el objeto. Valoro el hecho de que no te abandonan, tengo mi disco para recordar a mi familia que está lejos, los que me recuerdan mis años de fiesta, los que me ponen alegre y los que me gustan para un buen día de bajón. Valoro saber que están ahí.

El hecho de sentarme a escuchar un disco inmediatamente me calma, me pierdo en el proceso de seleccionarlo, volver a ver su portada, ponerlo y escuchar ese sonido único y particular que se escucha cuando la aguja se reencuentra con el vinilo nuevamente. Después todo es disfrutar la música en su mejor formato.”

Paulino Ordóñez

“Me gusta la música en vinilo por varias razones. Es un formato grande, lo que permite apreciar de mejor manera el arte de un disco, su concepto. Además, me gusta que es un formato que demanda mayor atención y cuidado. En su manejo, involucra más al cuerpo: desde que se saca, se limpia y se coloca, hasta terminar un lado y girarlo o tomarlo y guardarlo. Es una experiencia corporal única en cuanto a la escucha de música, adicional a la de bailar.

Me hice fanático del vinilo sobre todo por la satisfacción de ir a un mercado, pulga o tienda especializada, y encontrar alguna sorpresa, casi siempre a un buen precio. En más de 20 años que tengo haciendo paseos con este fin, he encontrado grandes curiosidades. Pienso en la edición española de The Man Who Sold the World de Bowie, por ejemplo, que compré en Aguascalientes, o el sencillo en vinilo blanco de Mátenme porque me muero de Caifanes, codiciado entre sus fans, y que me he encontrado dos veces. En una tienda en Monterrey, compré la edición inglesa del Before and After Science de Brian Eno, ¡en dos pesos! Uno de Bryan Ferry, mexicano, también lo compré en ese precio, esa misma ocasión. Quien me avisó de ese remate fue un amigo que compró uno de The Specials. Son los discos más baratos que he comprado.”

Sandra Rosales

“Mi interés por los vinilos empezó cuando fui a una fiesta y estaban mezclando canciones. Lo que me atrajo esa vez fue toda la acción que lleva seleccionar y hacer sonar la música, cómo buscaban entre discos y elegían canciones. También me asombraron los aparatos: el mixer, los audífonos y la tornamesa, era todo un acto de destreza. En ese momento decidí que quería aprender a hacer eso. Poco a poco fui adquiriendo discos y me compré una tornamesa, luego empecé a tocar en eventos y fiestas.

Pienso que cada formato tiene sus ventajas y desventajas. El mp3 o las plataformas de streaming son geniales porque son prácticas en su uso y abrumadoramente vastas. Sin embargo, un disco en vinilo genera otro tipo de experiencia, desde que lo sacas de su empaque hasta que la tornamesa lo hace sonar, es emocionante. Ni se digan sus hermosas portadas, insertos o cuando son gatefold; otros tienen su encanto por su antigüedad o rareza. Los discos siempre tendrán agregado un valor muy personal, incluso sentimental. Te viene a la mente el recuerdo de cómo lo conseguiste, cuánto tiempo tienes con él o por qué lo compraste.”

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