Edna Alanís: su vida más allá de ser chef

Ser mujer en este mundo en sí ya es un reto. En repetidas ocasiones y en diferentes contextos se forma cierta expectativa de lo que debemos ser o hacer. Pero éste es un reto divino y un privilegio, pues es que surge la oportunidad de decidir por dónde iremos.

Mucho se ha avanzado desde hace tiempo, mujeres valientes han abierto caminos para otras que venimos detrás. Hoy quisimos recordar el porqué de nuestra existencia como blog y como comunidad proactiva de mujeres, y qué mejor que exponer el caso de una fuerte mujer como Edna Alanís. Ella se ha dedicado a perseguir su pasión, y su determinación la ha llevado a conseguir logros importantes y a reunir una serie de experiencias muy agradables.

Más allá de ser una chef reconocida es una mujer consciente de su entorno, su gente y su país. Nació en la ciudad de Monterrey y ha vivido siempre en la misma, a excepción de un tiempo en el cual se fue a estudiar a España.

Ella es una mujer que resalta desde el primer contacto. Es abierta y segura de sí misma, imponente, pero cálida y llena de gratitud a la vez; le gusta planear y darle tiempo a las cosas. Desde el principio cuando propuso una reunión previa a la entrevista para conocernos, supe que la experiencia sería súper enriquecedora. Estando ahí en la junta de planeación, me invitó a tomar una clase de prueba en el Centro de Estudios Culinarios Roccatti, lugar donde da clases desde hace diecisiete años.

Al asistir a su clase noté su gusto y su pasión por compartir el arte de cocinar, porque no es un arte inalcanzable (o al menos ella no lo hace sentir así). Edna logra hacer de sus clases una experiencia amena y muy accesible para cualquier persona que desee aprender y acercarse a la gastronomía. Sabe cómo transmitir sus conocimientos y lo hace de manera integral, revisando no solo una serie de recetas en sí, sino distintos aspectos sobre el entorno y la procedencia de los alimentos que se incluyen en su curso. Le gusta hablar sobre la parte cultural, la cual va directamente ligada a la gastronomía de un lugar.

Finalmente llegó el día de la entrevista y la sesión de fotos. Nos recibió en su casa con agua de fresa y café. Sobre una mesa de madera decorada con un telar italiano desplegaba higos turcos, chabacanos, nueces y almendras para compartir con nosotras. Nos envolvía un fresco aroma proveniente de un gran ramo de astromelias que había colocado en un jarrón esa misma mañana. Su look clásico y su collar de perlas de Chanel, reflejaban su admiración por este ícono de la historia. “Me encanta su vida, cómo fue, como tan arrojada”, comenta sobre Coco. Ha sido un personaje importante para ella desde que es niña. Le gusta estar cómoda, casi siempre viste de pantalón, zapatos de piso y lleva su cabello bien recogido; decidió dejarlo suelto durante la sesión como un acto simbólico de apertura (nos impactó lo largo que lo tiene).

Se sentó en la mesa con su taza floreada llena de café -por cierto, ama el café-. Ésta llegó a sus manos durante su estancia en España, después de recorrer la última parte del camino de Santiago de Compostela con un grupo de personas. “Cuando regresamos al pueblo, uno de los amigos que veníamos en el tour me regaló la taza”, es la misma que guarda desde hace doce años como un recuerdo de esta experiencia.

Pero mejor empecemos desde el principio.

Edna estudió la Licenciatura en Diseño y se dedicó durante veinticinco años a las relaciones públicas, la publicidad y mercadotecnia. Trabajó un tiempo en el Bioparque Estrella y fue ahí que consiguió uno de sus objetos más preciados: la pintura de Torrego. Ese cuadro -que tiene desde hace casi veinte años- está situado en su sala y pertenece a un pintor que actualmente es reconocido en Brazil, Rubén Torres “Torrego”. Fue uno de sus compañeros de trabajo en aquel entonces. “Cuando llegó a montar su oficina vi el cuadro y me enamoré”, recuerda. Cada elemento de su sala va alineado a ese cuadro. Los colores y la decoración se definieron en torno al mismo.

¿Y cómo terminó por acercarse al arte culinario? Todo surgió cuando decidió tomarse un año sabático para estudiar francés y cocina. “La cocina es algo que siempre me ha gustado”, comenta, y fue al entrar al Centro de Estudios Culinarios Roccatti que se dio cuenta que quizá podía dedicarse a esto. El destacado desempeño de Edna y su habilidad para comunicarse y congeniar con los demás fue algo que llamó la atención de Patricia Roccatti, dueña de la escuela, por lo que la invitó a ser maestra.

A raíz de este evento, optó por certificarse en la Escuela de Hostelería y Turismo de Valencia. Estudió un diplomado de Cocina Mediterránea para extranjeros, y parte del mismo consistía en hacer prácticas en el restaurante El Submarino, situado en la región moderna de Valencia, en la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Ahí trabajó durante seis meses y al terminar su certificación, regresó a Monterrey para trabajar como maestra de planta en Roccatti.

Después de dieciséis años de carrera como instructora de cocina -cinco de los cuales fue directora académica-, Edna decidió retirarse para dedicarse a la fundación de su negocio propio: Gastrobureau, una empresa de consultoría que se enfoca a la comunicación, estrategia y desarrollo de proyectos gastronómicos. Ahí proporcionan clases, capacitación y asesoría en cuanto a creación de menús y servicio a clientes. Se revisan temas de cultura general como de dónde viene el champán, o cómo comportarse en una comida de negocios dependiendo del país donde estés.

Y bueno, entrando en materia personal, Edna lleva diez años viviendo en su departamento. Fue la primera vez que vivió sola después de salir de casa de sus padres. Empezó con una cama, una tele y un sofá que compró en aquel entonces. Ahora su casa está llena de una colección de cosas cuidadosamente elegidas, cada una con un lugar especial.

Entre sus piezas más valiosas están unos tazones color “celeste Tiffany” que pertenecían a su abuela. En la cocina, tiene una pared llena con más artefactos interesantes, desde objetos de familia, recuerdos de viajes y cosas que ha ido adquiriendo a lo largo de los años. Debajo de esta pared, tiene una colección de aproximadamente 30 sales de diferentes partes del mundo.

Además de coleccionar antigüedades, Edna disfruta leer, sobretodo temas de historia y simbolismo. Actualmente participa en un grupo de investigación de historia norestense, “me parece muy interesante revisar todo el tema de quiénes somos y de dónde venimos”. En general, es una mujer que disfruta aprender y experimentar cosas nuevas. En su momento entró a un curso de diseño floral, “es algo que buscaba como actividad catártica, para poner mi mente en blanco y descansar”. Le gusta viajar y reunirse con sus amigos regularmente.

Tiene un tapete persa que, en teoría, tiene más de 100 años y estaba destinado para decorar un palacio. Lo curioso y hasta podría considerarse cómico, es que ella pensaba que había comprado un tapete “normal”, y no fue hasta que lo mandó con un señor para darle mantenimiento que se enteró de la historia detrás del mismo. “El señor es reconocido por su trabajo en Monterrey, tiene una maestría en textiles orientales, y fue él quién me preguntó sobre el tapete,” recuerda Edna. Al hombre le llamó la atención desde que lo vio, por lo que revisó los nudos del tapete con un cuentahilos -un aparato que los magnifica- y descubrió que ese tipo de nudo era uno que solía usarse exclusivamente en los palacios de Persia hace más de un siglo. “Yo compré un tapete turco en línea, venía de Estambul”, dice riendo. Ella jamás pensó que algo así llegaría a sus manos, la teoría es que probablemente hubo alguna equivocación en los embarques, pero nadie nunca reportó nada. Al parecer es algo que quedará en misterio.

Después de disfrutar del tour viviente a través de  su hogar y escuchar sobre su trayectoria profesional, terminé por preguntarle qué es lo que más le da satisfacción como instructora de cocina. Ella contestó que algo que la llena por dentro es ver cómo llegan los nuevos alumnos y cómo cambian después de un año, “es increíble ver cómo se transforman, salen diferentes, evolucionan su persona”. La experiencia de acercarse al arte culinario es algo que puede repercutir en el ser humano de manera profunda, siempre y cuando la persona esté dispuesta a adentrarse en esta aventura.

“Como instructor es necesario tener la habilidad para mantener a la gente interesada y feliz, que sienta que cada clase se está llevando algo de aprendizaje, cultura, algo nuevo en la vida. Mi misión es que al final el alumno vuele con alas propias.”

Lo que más le interesa es que sus alumnos aprendan, y que al final logren hacer el trabajo por sí mismos sin ayuda. Edna platica que su papá siempre le decía que el verdadero éxito de un jefe es cuando tu gente no te necesita, ya que significa que les enseñaste bien. “La clave está en empoderar a las personas, que eventualmente trabajen por sí mismas,” comenta, “cuando el curso termine, yo ya no voy a estar ahí”.

Finalmente le agradecimos la invitación a su hogar para hacer la entrevista, “abrir las puertas de tu casa y de tu vida es siempre sano”, dice. Edna considera que la única manera en la que podemos crecer como seres humanos es compartiendo, “Si no compartes lo que eres y haces, no vas a aprender. Debes empezar por ti mismo, abriéndote para compartir con los demás”.

Edna Alanís es fundadora y dueña de Gastrobureau. Es Embajadora de marca de KitchenAid y escribe para su blog con alcance en todo América Latina. También es colaboradora en la revista gastronómica Residente.

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