Viajar por el mundo con un bebé, ¿es posible?

La realidad es que tener hijos recién nacidos no hace que viajar sea más difícil de lo que ya de por sí es cuando no tienes hijos.

Hay una creencia medianamente extendida acerca de ser padres, algo así como que si tienes hijos no vas a poder viajar por el mundo. Lo escribo de la manera más simple porque así es más fácil darse cuenta de que tal vez sea una exageración. Ahora vienen los matices.

Cuando uno no tiene hijos, es difícil ponerse en los zapatos de quienes sí los tienen. Hay personas más empáticas que otras, claro, pero el tener hijos es algo que, por mucha información que tengas -o por muchos sobrinos- no se entiende del todo hasta que no la vives. Y aún así, cada experiencia es totalmente distinta.

Si un día te tocó un bebé inquieto (y llorón) en un avión, posiblemente pienses que subir a un avión con un bebé implica una pesadilla. O a lo mejor piensas que no vale la pena hacer un viaje largo -y costoso- con un niño de un año que de todas maneras no lo va a recordar y entonces crees que tendrás que aplazar tus ganas de viajar hasta que tu hijo tenga cinco años. Pero, ¿cómo funciona?, ¿luego tienes un segundo hijo y empiezas de nuevo la cuenta hasta los cinco años?

La realidad es que tener hijos recién nacidos no hace que viajar sea más difícil de lo que ya de por sí es cuando no tienes hijos, especialmente cuando están recién nacidos. Unas vacaciones largas o una visita a otro país requieren de planeación y ahorro, con o sin hijos. Para empezar, los bebés menores de dos años viajan prácticamente gratis: no pagan boletos de avión ni hospedaje en ningún lado y además cuando son muy pequeños y aún no gatean son 100% “portátiles”, van a donde vaya mamá y están contentos.

Luego crecen, claro, y personalmente estoy por descubrir cómo es viajar a otro país con una niña que ya camina y quiere explorar todo, pero tengo confianza en ella (y en nosotros sus papás) por una simple razón: ya lo hemos hecho antes. Ese sería mi argumento principal para viajar con niños muy chiquitos, practicar mucho mientras todavía son sencillos de manejar. Uno agarra confianza. Pronto sabes que puedes sobrevivir dos horas de autobús, luego seis horas, luego una hora de avión, tres horas de avión y así. Los blogs de maternidad están llenos de consejos para viajar con niños y bebés y es bueno echarles un ojo para saber los básicos (como darle el pecho o mamila a un bebé al momento de despegar para que no se le tapen los oídos). Sin embargo, cada niño tendrá sus particularidades y si viajas con ellos desde que son muy chiquitos te podrás ir dando cuenta de lo que es mejor para ustedes, ¡para qué esperar a que tenga cinco años!

Yo solo tengo dos consejos básicos: habla con el pediatra y simplifica todo lo que puedas. Si tu bebé aún es pequeño y puede ir en un portabebé, no te lleves la carriola.

Viajar con niños es una experiencia totalmente distinta a viajar solo o en pareja. Es cierto, tienes que ajustar algunas cosas -de la misma manera en que has tenido que ajustar tu vida entera-, pero a cambio le estás regalando a tu hijo esa misma pasión que tú tienes por viajar y a la vez tienes la oportunidad de ver el mundo a través de sus sensaciones. A partir de cierta edad, todo lo nuevo les emociona y eso es contagioso. Verlos probar nuevos sabores, bailar al ritmo de música desconocida para ellos o señalar cosas que los sorprenden es fascinante, es cubrir de magia todo lo cotidiano. En verdad vale la pena el viaje.

  • Foto 1 – Aeropuerto José Martí. La Habana, Cuba.
  • Foto 2 – Museo Universitario Arte Contemporáneo, Ciudad de México.
  • Foto 3 – La Habana vieja, Cuba.
  • Foto 4 – Centro de Coyoacán, Ciudad de México.
  • Foto 5 – Barrio El Vedado. La Habana, Cuba.
  • Foto 6 – Ciudad Universitaria, Ciudad de México.

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