Cómo ser dueña de ti misma en cada etapa de tu vida

¿Vives tu propia vida o la que los demás esperan que vivas?

Las exigencias actuales pueden resultar agotadoras en cada etapa de tu vida y, en algunos casos, abrumadoras: sin importar a lo que nos dediquemos estamos sobrecargadas de ocupaciones, así sean escolares, laborales o domésticas. Sobre hombres y mujeres se colocan una serie de espectativas que rápidamente se pueden volver una carga muy pesada. Las mujeres tenemos que ser exitosas, estar en forma, ser buenas hijas o buenas madres, excelentes estudiantes, tener suficiente dinero para pagarnos un buen guardarropa y además estar siempre de buen humor. Por supuesto que cumplir con todas esas exigencias externas es imposible. ¿Cómo dejar de sentir culpa cuando estás tan agotada que prefieres ponerle una película a tu hijo de tres años mientras tú te acuestas a ver el techo? ¿Cómo explicarle a tu amiga que sí, la quieres muchísimo pero el sábado no puedes ir a su fiesta porque estás en exámenes finales y de verdad necesitas descansar? ¿Cómo dejar de sentir que estás corriendo un maratón eterno para lograr cumplir con las expectativas de los demás? ¿Cómo recuperar el control de tu vida?

Aunque todas esas expectativas que la sociedad coloca sobre ti cambian dependiendo de la edad y de la etapa del desarrollo en la que te encuentres, hay ciertas cosas que puedes hacer desde temprana edad y que si aprendes a hacerlas desde muy joven después no te costarán trabajo. Toma nota.

 

Aprender a decir “No”.

La palabra “no” es fascinante. ¿Cómo una palabra tan sencilla de pronunciar se puede volver tan complicada de decir? Y es que son muchos los factores que influyen en la dificultad que muchas experimentamos a la hora de decir que no: desde los culturales, la educación en la infancia e incluso ciertos problemas de autoestima. Es normal temer la reacción (posiblemente negativa) de la persona a la que le diremos “no”, pero es necesario aprender a encontrar el equilibrio entre las necesidades de los demás y las tuyas propias. Si la otra persona en verdad te aprecia y se preocupa por ti, debería entender cuando le niegas algo. Si en caso contrario trata de chantajearte o presionarte, con mayor razón debes poner por delante tu bienestar.

Decir “no” es algo que deberíamos saber hacer en cualquier etapa de nuestra vida: durante el noviazgo es fundamental, como también lo es en la relación con nuestros hijos.

La importancia de cuidarte a ti misma.

Seguramente has escuchado que si tú no estás bien, no puedes hacer el bien en tu entorno. Piensa en el autocuidado como en las instrucciones que se encuentran en los aviones: antes de ayudar a un niño o a una persona que requiera ayuda, tienes que colocarte tu propia mascarilla de oxígeno.

Cuando eres joven es común sentir que puedes con todo y que tu cuerpo no tiene límites: desvelarte, comer mal, incluso abusar del alcohol o asolearte demasiado son comportamientos que aparentemente no te pasan factura pero que, por supuesto, en algún momento lo harán. Y no solo eso: todas esas costumbres a la larga terminan por convertirse en (malos) hábitos que resultan más difíciles de erradicar cuando ya están bien arraigados.

Cuando eres mamá hay días en los que no puedes quedarte en cama aunque estés enferma, pero en esos y otros días hay que saber pedir ayuda a tu red de apoyo. De igual manera, rutinariamente necesitas desconectar y tomar tiempo para ti, eso no te convierte en mala madre o en una mujer egoísta. Y no se trata solo de saber pedir ayuda, sino de algo que deberías ejercer siempre en tu vida, lo cual nos lleva al siguiente punto.

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¿Por qué tienes que hacerte cargo de todo?

Las personas perfeccionistas tienden a pensar que solo ellos hacen bien las cosas. Pero esto no es una virtud: es un defecto. La falta de confianza en los otros es un clásico pecado que lleva su propia penitencia. ¿Y cómo se manifiesta eso en la vida diaria? Pensando que tu esposo “no sabe” vestir a los niños o “no es capaz” de llevarlos de paseo y devolverlos a casa en una sola pieza. Papá puede hacer las cosas de la crianza y si no, puede aprender de la misma manera en la que tu aprendiste.Y lo mismo con todos los demás temas de tu vida. Si todavía vives con roomies, ¿eres tú la que siempre paga las cuentas y riega las plantas? ¿Por qué? ¿Es que acaso no sabes decir “no”, es que no tienes confianza en las personas con las que compartes tu casa, es que crees que nadie que no seas tú puede echar agua con una cubetita? ¿Viste que absurdo resulta?

 

Tú eres mucho más que una etiqueta que otros te puedan poner, eres más que una “estudiante modelo”, una “soltera exitosa”, una “tía cool” o una “mamá perfecta” y por todo esto y más mereces tiempo para ti, para lo que te gusta y lo que te aporta identidad. Las tareas del hogar y las responsabilidades en el trabajo se pueden y se deben delegar.

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Nadie es perfecto.

Todos nos equivocamos. Todos. Y cuando nos equivocamos lo importante es aprender de nuestros errores aplicando la autocrítica y mirándolos de frente para analizarlos y no volverlos a cometer. Equivocarse es señal de que se ha tomado una decisión y pues, no todas las decisiones son buenas. Una cosa es tener siempre la intención de hacer las cosas bien y otra muy distinta es pretender que se puede ser perfecto. Peor aún, no caigas en la tentación de castigarte porque no puedes ser perfecta.

Hay decisiones que se pueden cambiar y eso es maravilloso porque nos dan la oportunidad de enmendar nuestro camino. Hay decisiones que no se pueden cambiar y esas también son maravillosas porque ya no requieren más energía de tu parte. Cada etapa de tu vida traerá consigo diferentes retos y decisiones que tomar y tú lo enfrentarás con las armas que tienes en ese momento, ten confianza en ti y si después te das cuenta de que cometiste un error, recuérdalo una vez más: todos cometemos errores.

Eres dueña de tu cuerpo, de tu sexualidad y de tu maternidad.

Nadie tiene derecho a opinar lo que deberías hacer con tu cuerpo ni a fiscalizarte. Que si subiste de peso, que si bajaste, que si lo muestras demasiado, que si no lo muestras lo suficiente. Es tuyo y de nadie más. Nadie tiene derecho a opinar si tu cuerpo es suficientemente bello o no. Es tuyo.

De la misma manera, nadie tiene derecho a opinar como ejerces tu sexualidad y tu maternidad y si alguien lo hace verás cuántas ventajas tiene el haber aprendido a decir “no”; si alguien hace comentarios incómodos sobre tus decisiones, tu cuerpo o tu sexualidad, es un alivio tener la fuerza para decirle: “tus opiniones me incomodan, por favor guárdatelas para ti” o “por favor no opines sobre algo que es de mi exclusiva incumbencia”. Otra cosa a la que tienes derecho es a la privacidad y nadie más que tú decide lo que entra en ese ámbito. Nadie tiene derecho a invadir tus decisiones privadas, ni tu mamá, ni tu pareja, ni tus hijos. Una vez que te vuelves dueña de ti misma, no hay manera de que nadie te lo arrebate.

 

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